El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, ha reconocido hoy que ni el Banco Central Europeo (BCE) ni la política monetaria pueden resolver “por sí solos” los problemas que están en la base de la crisis.

Sin embargo, Linde ha remarcado que las decisiones como las adoptadas el pasado jueves por la máxima autoridad monetaria europea contribuyen a "facilitar" la acción de otras “herramientas de política económica” que pueden tener un efecto "más potente y duradero” sobre el crecimiento y el empleo.

Durante su intervención en un acto organizado por la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), el primer espada del ente regulador español ha hecho balance del papel desempeñado en los últimos años por los bancos centrales y su forma de actuar ante la crisis económica y financiera.

Linde ha hecho especial hincapié en las “divergencias notables” en cuanto a la aplicación de medidas se refiere por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y el Banco de Inglaterra frente al BCE, así como a la “percepción diferente” de los riesgos que puede asumir un banco central “en términos de credibilidad y reputación”.

Para el Luis María Linde, la estrategia adoptada por la Fed supone “cierta difuminación de los límites entre las políticas monetaria, fiscal y estabilidad financiera”, mientras que el BCE mantiene mayor distancia dado que tiene que convivir con las autoridades financieras de 17 países independientes, hecho que plantea unos “retos y dificultades singulares”.

Asimismo, ha aseverado que aún es demasiado pronto para extraer todas las conclusiones que se derivan de la experiencia de la crisis, pero que ya se pueden vislumbrar algunos cambios que será necesario aplicar.

Uno de estos cambios sería el desarrollo de políticas “macroprudenciales”, dotadas de nuevos objetivos e instrumentos, que analicen cómo evoluciona el riesgo agregado y cómo interacciona con el funcionamiento de la economía real.

“Esta es la perspectiva necesaria para diseñar, por ejemplo, medidas para moderar las tendencias procíclicas inherentes al sistema financiero”, ha argumentado.

Del mismo modo, ha avanzado que esta interacción entre la política monetaria y la macroprudencial suscitará retos complejos a los bancos centrales, por lo que el BCE debe tener un “papel importante” en el diseño y en la gestión de estos nuevos instrumentos y medidas macroprudenciales.

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